Wednesday, December 21, 2016

"Mi hija la de izquierda": ¿ingenuidad o conveniencia?

Deambula por ahí un cuento titulado Mi hija la de izquierda –con el cual me topé hace unos días– cuyo autor pretendió adjudicar al comunismo el mecanismo económico natural del capitalismo. ¿Ingenuidad o conveniencia? (Lea el cuento aquí y continúe la lectura en el siguiente párrafo).

El padre sugiere a la hija conceder una parte de su nota en beneficio de su compañera, creyendo ilustrar así ´la distribución equitativa de la riqueza´ (o comunismo). Pero se le olvida, ingenua o convenientemente, que su hija no ha obtenido el logro de sus notas a costa del trabajo de su amiga. Es decir, nada le ha robado a ésta como para que a aquélla le corresponda hacer distribuciones, reivindicaciones. Es ésta la que pretende robarle a ella y graduarse a expensas de su esfuerzo. La lógica que emplea difícilmente cuaja con la lógica marxista, es decir, no puede –porque es naturalmente imposible– adjudicarla a “la plusvalía que mueve el mundo” (como solía decir el musicólogo y escritor cubano Alejo Carpentier). Ella se define como el valor (x) que el trabajador u obrero crea por encima del valor (y) de su fuerza de trabajo (salario) y ocurre cuando transforma la materia prima sobre la cual trabaja. La diferencia entre X y Y se conoce como plusvalía. Me explico:

De unos troncos se hacen tablas, de unas tablas se hacen sillas y muebles. Si los troncos tienen un valor monetario, al pasar por el aserradero adquieren uno mayor tras su conversión en tablas y posteriormente en muebles finos. La materia prima adquiere un valor cada vez mayor en la medida en que sufre una transformación. Se trata del valor que el trabajo no pagado del obrero crea por encima del valor de su fuerza de trabajo (salario) y del que se apropia gratuitamente el patrón o amo. Lo mismo sucede en la agricultura y en demás formas de producción de bienes y servicios (a excepción de algunos) en una sociedad industrial. ¿Quién es el responsable? La clase trabajadora: el obrero, el trabajador, el agricultor, el campesino, el empleado, en fin, quien no recibe las ganancias de su producto sino el empleador que se hace con ellas injusta pero legalmente (sistema capitalista). Ocurre también en los medios de comunicación. ¿Quién produce las noticias, los reportajes y las columnas de opinión? ¿Quién sale a documentar las circunstancias de modo, tiempo y lugar de un hecho en particular? ¿El director, el editor? El primero explota al segundo y el segundo a los demás (sin darse cuenta de la lógica económica antes expuesta, a excepción del dueño del medio). ¿Quién vive de quién ahora?

El cúmulo de capital se hace de este modo y se duplica o triplica según se recorte la fuerza de trabajo o se amplíe la jornada laboral (véase La riqueza de las naciones de Adam Smith, obra publicada en 1776). De ahí que la revista financiera estadounidense Forbes declarara el 19 de enero de 2015 que pronto solamente el 1% de la población mundial ostentará la riqueza. Como siempre ha sido, solo que la realidad se recrudece cada vez más con la oleada del neoliberalismo económico (capitalismo a ultranza).

A esto refería el cantautor y escritor argentino Atahualpa Yupanqui (1908-1992) cuando compuso: “El trabajo es cosa buena; es lo mejor de la vida; uno trabaja de trueno; y es para otros la llovida”. O Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) cuando en la primera página del Capítulo XI del Primer Tomo de Don Quijote escribió (refiriéndose a la Edad de Oro): “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron los nombres de dorados […] porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de ´tuyo´ y ´mío´; eran en aquella santa edad todas las cosas comunes” (rechazando el concepto de propiedad privada bajo el modelo económico capitalista incipiente: el feudalismo). O Jesucristo cuando incurrió en cólera al ver cómo el templo judaico se convirtió en un mercado regido por la misma lógica y sentenció: “Cabe más un camello por el agujero de una aguja que un rico en el Reino de los Cielos” (Mateo 19;24). O la película Bicentennial Man (1999) cuando el ‘amo’ (aún bienintencionadamente) pretende vender los relojes y las artesanías creadas por las manos de Andrew (Robin Williams) y hacerse con las ganancias, hasta que la hija le explica que le corresponden a Andrew, así se trate de un robot (la forma del filme de representar a la clase trabajadora: como personas cosificadas por el sistema económico).

El cuento ´Mi hija la de izquierda´ no es sino una forma más de lavarse las manos y de tachar al comunista predicador de hipócrita insospechado. Una muestra del mismo oportunismo defendido por sofistas modernos empleando sofismas cojos de juicio universal: ‘Si querés predicar el comunismo mejor hacélo desde la distancia, al amparo de la sombra de un puente y cométe las uñas si el hambre se asoma, o la saliva si la sed, porque si tan bueno es el comunismo por qué no funciona y pare hambruna y miseria por doquier’, cuando es al revés: los países neoliberales (Estados Unidos y gran parte de América Latina y de África) son líderes en desigualdad, desempleo, corrupción y otros problemas de elevada trascendencia social y humana, mientras los socialistas (Cuba, Ecuador y Bolivia) o no neoliberales (Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Islandia; Escandinavia en fin), no. Pero las lecturas almidonadas de David Held o de Tony Blair suelen distraernos tanto o más que los politólogos en general o que los medios como CNN, Fox News, RCN y Caracol, que buscan causar sensación en sus titulares, no comprensión de la historia, el porqué de las cosas.

Cuando hablan de la expropiación efectuada por la Revolución Cubana –es decir, de la confiscación de bienes a la clase social alta o privilegiada– ‘para Fidel y sus secuaces hacerse con ellos y en el proceso también convertirse en millonarios mientras el pueblo sufre’, no advierten que están hablando del contexto económico mundial, no de Cuba; de un modelo económico capitalista, no comunista. No lo advierten porque lo primero fue y sigue siendo lo que los grandes medios dicen del comunismo para no lesionar la imagen del capital privado. Si nos remontamos a la década del 60 en Cuba, tendríamos a la radio-pirata estadounidense SWAN infundiendo miedo a quienes se lanzaron al mar para luego no poder hacerse testigos de la mentira que les vendieron. (Como campaña de propaganda negra homóloga en el siglo XXI tenemos a la campaña del ‘No’ en Colombia). Por eso no extraña que Cuba se encuentre en las alturas morales del pensamiento del Papa Francisco, como también de las Naciones Unidas (especialmente de la UNICEF y la FAO).

Definitivamente el control político y la aprobación de sus acciones dependen única o casi únicamente del poderío de la comunicación de masas. No queremos comprender la razón de cualquier forma de economía diferente porque, como del bloqueo económico, comercial y financiero (Cuba; octubre de 1960), también hacemos abstracción de otro concepto igualmente fundamental: la plusvalía o el plusvalor (socialismo científico de Karl Marx y Friedrich Engels, la base de la crítica al sistema capitalista). Ninguno quiere ceder nada (egoísmo) mientras salivan en misa el amor al prójimo. Por eso, en el fondo, las leyes de la moral cristiana (parábolas del evangelio) no le son atractivas a ninguno.

Colofón: El capitalismo tiene muchas fuentes y una de las más arraigadas es la que dicta: “No todos somos iguales”. Pero también hay otras: “Existen clases sociales superiores y, por ello, deben regir el mundo”. O, “La inteligencia suprema en los hombres es aquella capaz de construir todo aquello que le permita vivir en un nivel tan alto y separado de los demás; es decir, a la misma distancia que los separa su inteligencia, su ingenio y su astucia”. O, “Si Dios hubiera querido que todos fuéramos iguales nos habría dotado de la misma capacidad para producir dinero”. (Algo así como solo beneficiar de educación superior a los ‘pilos’ o de salud a los ‘saludables’.) Destacan estas entre las máximas más exculpatorias, es decir, con las cuales poder consolarse la conciencia y lavarse las manos simultáneamente, lavándoles el cerebro a los demás en el proceso.
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Esta columna fue publicada por El Diablo Viejo:

Thursday, November 24, 2016

Breve reflexión lírica

¿Qué pasarían a ser los colores y su inmensa o casi infinita variedad de tonos en nuestras vidas? Es decir. Si la vida y la también casi infinita variedad de experiencias se vieran revestidas de diversos colores y múltiples matices, ¿cómo sería el verde primavera de la nostalgia, el turbio de la tristeza o el fúnebre de la muerte? ¿El húmedo o granate de la angustia que no soporta la espera o el seco e invernal de la soledad sin esperanza? ¿Los matices sombríos de nuestras confusiones o los mates de las respuestas a todas las preguntas? ¿El chartreuse fosforescente de la felicidad o el velado de algunos sentimientos? ¿El anaranjado efervescente de la fuerza del amor o el gris mezquino y prejuiciado que lo marchita? ¿El blanco relativo de la ilusión o el azul oceánico de la verdad? Pero: ¿qué color guarda su integridad o la de su matiz o tono sin la luz del sol? Quizás exista una realidad dependiente de la sabiduría (luz) con que ponemos la mirada sobre ella.

Tuesday, October 18, 2016

Supongamos que es verdad

Supongamos que las dos grandes mentiras promovidas en contra del Acuerdo son ciertas, para desde allí notar que tampoco así guardan argumentos, quedando en evidencia la única razón para objetarlo: el odio, y la ignorancia.

Muchos estamos hastiados de la ignorancia irresponsable e hipocresía del «No» y de la distorsión que les hicieron tragar con un adobo sacrificial de embrutecida racionalidad. Aún después de reconocerse manipulados continúan hablando de arreglar el Acuerdo como si la impunidad y el ‘castrochavismo’ fuera cierto. Pues bien, supongamos que es verdad. Para que el uso y abuso de la sinrazón como razón se haga más claro aún, supongamos por un momento o durante la brevedad de esta columna que eso de la impunidad es cierto según el tenor literal o figurado del Acuerdo y también eso del ‘castrochavismo’.

Cualquier Estado social de Derecho contempla lo que en materia penal conocemos como ‘principio de oportunidad’. Este consiste en no adelantar una investigación penal cuando los beneficios obtenidos de la no persecución son mayores a los de la persecución. Sucede todos los días no solamente en Colombia sino también en muchas otras partes del mundo (especialmente en Estados Unidos, donde el carácter de la Fiscalía es eminentemente político, no judicial). Señores noístas: allí en el artículo 323 del código antes referido pueden encontrar más de 15 razones para no adelantar una investigación penal. Entre ellas, la confesión que funge de auxilio a la Justicia en la desarticulación de organizaciones criminales y el derecho a la verdad, a la reparación y a la no repetición. Entonces: ¿por qué el escándalo? ¿Por qué no ponen el grito en el cielo cada vez que se aplica el principio de oportunidad en este país? Sencillo: porque los victimarios no son comunistas. Conclusión: doble moral.

También adujeron la llegada del infierno mediante el ‘castrochavismo’. Supongamos que eso también es cierto. Entonces los entero: nuestros problemas se reducirían al 0% (Cuba) o al 5% (Venezuela) de desnutrición infantil (no el 15%), al 83% de jóvenes en la universidad (no el 43%), a un déficit de cobertura de agua potable del 5% (no el 18%) y a no tener leche o papel higiénico sino agua y la hoja del árbol en lugar de siete millones de desplazados, 152 periodistas asesinados (1977-2015) y 105 líderes sociales ejecutados solamente en 2015 más otros 13 en un 2016 que aún no acaba; por no mencionar Saludcoop, Megapensiones, Carrusel de la Contratación, las Chuzadas (DAS) y los más de 1.5 millones de muertes evitables a manos del sistema de salud (Informe No. 3 del Ministerio). Cuba, Ecuador y Bolivia tampoco padecen nuestros problemas. Entonces: ¿por qué el escándalo? Sencillo: porque las FARC son comunistas y el comunismo es sinónimo de la hambruna y la persecución política que aquí sí padecemos mientras se la adjudicamos al vecino. Conclusión: ignorancia. O, por entrar en la nomenclatura de los refraneros populares: “Siempre la paja en el ojo ajeno; nunca la viga en el propio”.

Ni la impunidad ni el castrochavismo guardan la verdad que el Centro Democrático y otros le quieren embutir al Acuerdo a como dé lugar. Según el Acuerdo Final, los responsables de crímenes atroces no serán beneficiarios de amnistía e indulto y pagarán hasta 20 años de cárcel cuando no haya reconocimiento de la verdad o de la responsabilidad (lo que hace parte del ‘principio de oportunidad’). Luego, el conflicto armado interno tanto en El Salvador (1980-1992)Guatemala (1960-1996) Nepal (1996-2006) alcanzó su fin mediante la suscripción de un acuerdo de paz y, en el caso de Nepal, hasta se redactó una nueva Constitución.

Pregunto: ¿El Salvador, Guatemala o Nepal son hoy Venezuela? Actualmente, ¿hay una Venezuela en Mesoamérica y otra en el Himalaya? Pregunto: ¿Venezuela se convirtió en Venezuela mediante la suscripción de un acuerdo de paz entre un Estado de ultraderecha y un ejército irregular de izquierda? Pregunto: ¿ustedes pueden definir conceptualmente lo que es un ‘acuerdo’ o trazar las diferencias entre un modelo económico feudal o capitalista y uno socialista o comunista? Pregunto: ¿en qué parte del mundo un ejército irregular ha negociado la paz para salir de la mesa hacia la cárcel sin condiciones de ninguna clase? ¡Ni en Irlanda del Norte! En los tres casos antes mencionados –y también en Irlanda– todos fueron de la mesa hacia la política o de la mesa hacia la cárcel bajo condiciones especiales y también en los tres casos se trató de un acuerdo entre un Estado de ultraderecha y un ejército revolucionario de izquierda.

Sencillamente, si ustedes se aguantaran las ganas de morirse de miedo y, en lugar de dedicarse a tragar, se dedicaran a masticar, la razón les haría reír a carcajadas del absurdo de sus sandeces y de la irracionalidad de sus miedos y, a la postre, les devolvería la voluntad para untarse calcio en los dientes. Metáfora para: documentarse y formar criterios.

Colofón: Me apena decirlo, pero la confesión de Juan Carlos Vélez Uribe sobra a propósito de cualquiera sea la sanción a imponerse por manipulación de la información o por sabotaje en el marco de un proceso electoral: siempre ha bastado con contrastar lo que decían –y continúan diciendo– con la letra del Acuerdo para hacerse testigo de la mentira y de la manipulación. La confesión habría servido más bien para ahorrarse un proceso penal o disciplinario o de otra índole en contra del o los responsables. Pero no ha pasado nada, ni pasará, porque este país no tiene siquiera el más mínimo sentido ético sobre nada en particular.

Saturday, October 8, 2016

Álvaro Uribe, un comediante anacrónico


¿Renegociar qué cosa: lo que dice el Acuerdo o lo que Álvaro dice que dice el Acuerdo? Comoquiera que sea, por favor complázcanlo y firmemos la paz con el mismo contenido y su nombre en letra gigante.

Un titular del 7 de julio de 2016 en el diario estadounidense The Washington Post rezaba: “El mayor obstáculo de la paz en Colombia pueden no ser las FARC, sino un expresidente”. Una frase de un artículo del mismo diario rezó ayer: “Si los colombianos fuéramos dinosaurios, votaríamos por el meteorito”.

De la administración Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) 17 funcionarios han sido investigados y 9 condenados. Él, por su parte, ha sido denunciado trece veces ante la fiscalía por vínculos con el paramilitarismo. “Persecución política”, reniegan Uribe y el uribista, como si se tratara de un gobierno fascista, como sin duda lo fue el suyo a la luz del aparato de persecución política en que se convirtió el ahora extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). Señor uribista: una cosa es creer en lo que no se ve o en lo que se tiene fe y otra distinta no creer en lo que se ve una y otra vez, indefinidamente, es decir, en lo perfectamente visible o evidente, tangible, en el estruendoso eco de las piedras del río indicando que las tiene, que pueden escucharse, aprehenderse y hacerse comprobables, lo cual raya, a todas luces, en un enfermizo fanatismo.

¿Por qué Karl Marx habló de la religión como «el opio de las masas»? Porque enceguece y promueve en los que predican el progreso la imagen de una entidad mesiánica. Cierto: hoy hay necesidad de que le abran los ojos a los fanáticos, pero ayer ocurría lo mismo y, desde tiempos más remotos, también. La única diferencia es que, para el fanático actual, el reconocimiento de personas ‘superiores’ a él proviene de un orden lógico diferente: el poder, no la divinidad, lo que, en este caso, se traduce en el «mesianismo criollo» de un nuevo catolicismo en Colombia: el uribismo. Este lo concibe como un milagro hecho carne, como el mesías que Colombia necesita y que debe ser glorificado hasta creer y hacerle creer a los demás que quizás sea mejor orarle a Él que a Dios, porque Él es el todopoderoso del que no puede prescindirse, como quien concluye afirmando que es tan indispensable como la antigua humanidad que prescindió del oxígeno. Según los psicólogos y demás profesionales de la conducta sensatamente prácticos, esta población está al borde de la patología.

Álvaro hoy se edifica un homenaje carente de méritos respirando el mismo aire que durante su campaña de desinformación respiró aparentando rugir como un león, mientras juega solamente cuando los dados están cargados a su favor. Hoy se retira de los debates como lo hizo en septiembre de 2014 y evade el eje central de las críticas. Al unísono con sus feligreses renegó de su exclusión de los diálogos de paz para, ahora que lo invitan a hacer parte de ellos en un escenario donde, no obstante, no sería el dueño y señor del espectáculo y el dueño y señor de las reglas del juego, toma la distancia del micrófono desde el Congreso para proponer lo siempre propuesto por el Acuerdo.

¿Cuál es entonces el «gran pacto nacional» que dijo procurar cuando ni siquiera se digna en asistir a una reunión presidencial con todos los partidos políticos del país y a la postre propone una impunidad aún peor de la que siempre renegó descartando el interés de las víctimas del conflicto? ¿Quién es este payaso que merece ser arrestado por sabotear la oportunidad de oro de un pueblo para terminar el conflicto armado interno más antiguo del hemisferio?

A los que lo veneran y les resulta insoportable la idea de prescindir de Él, les tengo noticias. No se trata de un mesías, tampoco de un león, sino de una insignificante pulga revestida de dragón gracias a la magia de una lupa a través de la cual pretende ser vista, ampliada. De un creador de una apariencia de grandeza que destila fracasos, porque quien necesita de la caverna y de la humillación para proyectarse como notorio envidiable por su magnificencia, es un lastimoso usuario de la mediocridad que alambica en escenarios sin méritos, en cuartos oscuros. Un delincuente de la política y una mueca torcida de la verdad y el Derecho. Un mal ejemplo para una sociedad de jóvenes aspirantes y una desgracia para el idealismo que clama limpieza y cambio. Un comediante anacrónico interfiriendo e hiriendo asuntos serios. Un paupérrimo espantapájaros que entuerta la justicia. Un obsesionado narcisista que hace siglos olvidó lo que nunca hubo de tener en el recuerdo ni en los sesos y menos aún en el alma: honestidad.

En el plano de la realidad declarada y no en el de la ficción elaborada, estamos hablando solamente de una pulga insignificante y muy mal criada bajo el engreimiento de una lista de fanáticos que, a su vez o como él, pretenden tapar el cielo con la mano amparados en una ilusión mesiánica. Pronto la luminosidad de la realidad sustituirá la oscuridad de la ficción y, de esta última, quedará solo la desmitificación. Así… yago en vida a la espera de que Álvaro Uribe sea la piedra sobre la cual tanto da la gota que… termina horadándola.
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Esta columna fue publicada en Semana.com

Thursday, September 29, 2016

Historia universal de la infamia, o el No del 26 de septiembre

Mientras el Sí celebra el fin del conflicto armado interno más antiguo del hemisferio y los beneficios sociales y agrarios contemplados en el Acuerdo, el No insiste en enarbolar el resentimiento y manipular la verdad.

Cuando iniciaron los diálogos de paz en La Habana, Cuba el 4 de septiembre de 2012 los detractores comenzaron a criticar la negociación con argumentos que se fueron haciendo cada vez más incongruentes hasta que en 2016 rayaron en lo disparatado e inadmisible. Desde una impunidad que no existe y la renuencia a reconocer orientaciones políticas diferentes hasta la falsificación de trinos de celebridades y la manipulación de contenidos (propósito: infundir miedo). A Juanes, Pirry, Nairo Quintana y Mariana Pajón los falsearon en sus posturas frente al plebiscito y una valla de Rodrigo Londoño como presidente electo en 2018 elevaron en Santa Marta; por no mencionar la majadería majaderísimamente majadera de la oratoria disparatada y desesperada de Álvaro Uribe y de quienes a ciegas lo siguen.

El ‘No’, sin embargo, insiste en que se respete su postura. ¿Sus razones? Una mentira (la impunidad) y la intolerancia (no querer comunistas en el Congreso). Consideran ilegítimo eso de ser político y comunista. Durante toda su vida han concebido el comunismo desde un único punto de vista, ese desde el cual no pudo ser otro en virtud, precisamente, de la persecución política: la guerra. ¿Se nos olvidó la época de La Violencia (1948-1958) y el exterminio sistemático de la Unión Patriótica (1985-2002)? ¿Después de sesenta años pretendemos continuar negando a otros su derecho a expresar sus ideas políticas? Tendríamos que ser una clase especial de idiotas. Las ideas carentes de validez teórica o pragmática se contrarrestan con criterios racionales y empíricos, no mediante la exclusión sistemática de sus voceros (política o físicamente).

El colmo de la indolencia lo presencié anoche durante la celebración de la firma del Acuerdo de Paz cuando en Facebook me encontré con una publicación que rezaba: “No puedo con esta mentira. Qué dolor”. No, pues. ¡Qué dolor la terminación del conflicto armado interno! ¡Qué dicha 200 mil víctimas! ¡Qué dicha 7 millones de desplazados! ¡Qué dicha medio millón de mujeres violadas! ¡Qué dicha 10.000 niños reclutados! Creo, sin temor a equivocarme, que con lo que no se puede es con un dolor fingido por parte de quienes experimentan la guerra desde la comodidad de la distancia con un mito de impunidad en la boca y la confesión egoísta de no querer tener desmovilizados defendiendo las ideas políticas por las cuales empuñaron las armas. El mismo egoísmo de 1958. Con eso es con lo que no se puede, pues guarda el germen de la violencia y el recuerdo del infierno.

El colmo del cinismo lo presencié anoche durante la celebración de la firma del Acuerdo de Paz cuando en Twitter me encontré con un trino de Álvaro Uribe que reza: “#ConArgumentosDigoNo La comunidad internacional debe saber que Colombia no ha vivido en guerra”. Irónico. Afirma “Con argumentos digo No” y acto seguido profiere un disparate. De pensar que así hay muchos funcionarios de la República, pero ningunos la sacan del estadio como los del Centro Democrático, especialmente Paloma Valencia y la representante a la Cámara por el mismo partido, María Fernanda Cabal. La primera con el Sagrado Corazón de Jesús que reemplaza a este por Álvaro Uribe en la sala de su casa y, la segunda, con su deseo de pudrir a García Márquez en el infierno y de exigir que las fuerzas armadas, en lugar de “hacer preguntas”, “maten”.

El colmo de la desvergüenza lo presencié anoche durante la celebración de la firma del Acuerdo de Paz cuando también en Facebook me encontré con una pancarta sostenida por tres niños y el hijo del excanciller secuestrado Fernando Araújo Perdomo que rezaba: “No acepte el ejemplo que está dando el Gobierno a las nuevas generaciones. Corrijan los acuerdos”. Es decir: ¿no acepte el diálogo como mecanismo de solución de conflictos y proteste en contra de los pactos que así lo pretendan? ¿Moderándola con “Corrijan los acuerdos”? Esta última pretensión no es otra cosa que el empecinamiento de someter a las FARC a una jurisdicción ordinaria, lo cual no es un ‘acuerdo’ sino el resultado de un triunfo militar. De modo que, continuar implicándolo (insistir en una presunta “corrección”) solo comprueba intolerancia e intransigencia.

“Quiero la paz y por eso voto No” es el eufemismo de una crítica almidonada que esgrimen como ‘pacífica’ porque, si no, la razón de su discurso matizado de cristianismo disimulado no tendría fundamento y su máscara caería al vacío: el rencor o resentimiento.

El colmo de la desinformación lo presencié anoche durante la celebración de la firma del Acuerdo de Paz cuando en internet me encontré con un blog que establecía: “Los presidentes que tienen a sus países en crisis son los que apoyan el Sí en el plebiscito”, refiriéndose a Rafael Correa, Evo Morales, Nicolás Maduro y Raúl Castro. Francamente, no sé quién le dijo al autor del blog que Ecuador, Bolivia y Cuba están en crisis, tres países destacados en el respeto de los derechos humanos ante la ‘castrochavista’ –según el uribismo– Naciones Unidas, por no mencionar “El milagro ecuatoriano” y “La transformación de Bolivia”, titulares de Revista Dinero y del diario británico The Guardian, respectivamente. Definitivamente las campañas del ‘No’ no tienen una manera distinta de promoverse.

Lo que hicieron Álvaro Uribe Vélez y el Centro Democrático en compañía del Procurador Ordóñez en Cartagena de Indias tiene un nombre y no deseo mencionarlo. Mientras Colombia y el mundo celebraban la terminación del conflicto armado más antiguo del hemisferio y el tercero más antiguo del mundo –ocupando el segundo lugar después de Siria con el mayor número de desplazados internos– ellos hacían campaña en su contra, en contra del pacto que a él puso fin después de sesenta años. El expresidente uruguayo José ‘Pepe’ Mujica dijo el sábado: “Si Colombia dice ‘No’ daría la impresión de de ser un pueblo esquizofrénico que se aferra a la guerra como forma de vida”. Ciertamente mereceríamos un lugar especial en la ‘Historia universal de la infamia’ del célebre escritor argentino Jorge Luis Borges bajo el seudónimo: ‘Los enfermizos’.

Colofón I: Semana.com reprodujo el lunes una nutrida investigación del Centro Nacional de Memoria Histórica que revela que, desde 1977 hasta el 2015, en Colombia han sido asesinados 152 periodistas. No, no es Venezuela. Es la Colombia libre y pro-yankee donde también fueron asesinados 105 líderes sociales solamente en 2015 y otros 13 en un 2016 que aún no acaba; también donde existen 7 millones de desplazados, 1.4 millones de muertes evitables a manos del sistema de salud y millares de niños desnutridos. Pero: “¡Nos vamos a volver como Venezuela con el Acuerdo de Paz!”. Entonces nuestros problemas –o prioridades– se reducirían a no tener papel higiénico sino la hoja del árbol o agua en lugar de leche. Mejor dicho, se va a acabar el mundo. Como decía el escritor uruguayo Mario Benedetti: “Dios, que no existe, que nos asista”.

Colofón II: La manipulación y la mentira que abiertamente amparan las exigencias del ´No´ proveniente del uribismo constituyen un ejemplo inequívoco de demagogia. Si los detractores del ‘No’ resistieran las ganas de morirse de miedo y, en lugar de dedicarse a tragar, se dedicaran a masticar, la razón les haría reír a carcajadas del absurdo de sus sandeces y de la irracionalidad de sus miedos. De paso, también les devolvería la voluntad para endurecer los dientes (metáfora para: formar criterios).
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Esta columna fue publicada en Semana.com: