Tuesday, April 4, 2017

¿Por qué «violación de derechos de autor» se traduce como «copyright infringement»?

En inglés, la violación de los derechos de autor no se traduce como «author right violation» sino como «copyright infringement». Una razón es semántica; otra, histórica; pero la primera es, no obstante, consecuencia de la segunda (el contexto histórico explica la preferencia de vocabulario).

Existe una diferencia de connotación entre los verbos «violar» e «infringir». Mientras «violar» abarca múltiples significados –«acceso carnal» (ej.: persona), «profanar» (ej.: templo sagrado) y «trastocar» o «alterar» (ej.: documentos)– «infringir», por su parte, guarda una única connotación (lo mismo en inglés como en español): quebrantar las leyes o los reglamentos. Es decir, guarda una connotación exclusivamente jurídica o técnica, que es la que, desde el punto de vista de la lengua inglesa, interesa a propósito de la violación de los derechos de autor.

¿Por qué el enfoque técnico o legal (ley versus Derecho)? La razón descansa, aparentemente, en el origen histórico del inglés «copyright» o «copy law» (en lugar de «Derecho de autor»): la aparición de la imprenta –y el monopolio de la imprenta– en el Reino Unido durante el siglo XVIII. Mientras los ingleses concibieron la protección legal sobre la copia o el documento, es decir, sobre aquello que encarna la producción intelectual (debido al auge de la imprenta), el latino (‘latín’), por su parte, concibió la protección legal sobre la producción intelectual en sí misma, como bien jurídico abstracto (dada la profusión de la cultura y las artes). De ahí que en español y en francés se trate del «autor» (Droit d’auteur), no de la «copia».

Es importante señalar que las traducciones no pueden hacerse literalmente, pues un idioma no necesariamente comparte con otro los mismos significados, sinónimos y/o antónimos, porque la historia de vida que forja los contenidos semánticos o los criterios lingüísticos tampoco es siempre la misma. Es preciso tomar en consideración los matices de significado según la lengua en cuestión, lo que es mejor aprehendido conociendo de cerca la cultura que la habla y, si es posible, también su historia.

Colofón: El inglés suele ser más directo que el español en muchísimos aspectos (incluyendo la sintaxis, no solamente la semántica). Si bien el español y el francés suelen ser más ricos en vocabulario y, por lo mismo, más profundos en sus definiciones conceptuales y descripciones en general, el inglés es más conciso. Esto hace parte de la idiosincrasia de los pueblos. Luego, el lenguaje puede explicar la cultura de un pueblo (sus tendencias culturales y artísticas), porque el lenguaje, a su turno, guarda una estrecha relación con el desarrollo de los hemisferios cerebrales derecho (función creativa) e izquierdo (función lógica). Según el estudio del japonés Tadanobu Tsunoda del Instituto de Investigaciones Médicas de la Universidad Médica de Tokio, la lengua nativa determina o condiciona, en gran parte, el desarrollo de uno u otro hemisferio cerebral. Existe una estrecha correlación, según Tsunoda, pero también según la neurología y la psicología. (Ver estudio)
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Wednesday, March 22, 2017

Un gánster religioso

Los postulados del cristianismo han de ser practicados con decoro para poder ser el vivo ejemplo de quienes los esgrimieron como una realidad encarnada en el registro moral e imborrable de Cristo y sus discípulos. ¿Por dónde se cuela un pastor que clasifica la ostentación como meta primaria en la vida y, cual gánster con pistola en mano profiere amenazas juntando el poder con la fama? ¿Por dónde se cuela este payaso de la fe cristiana que ahoga las parábolas del Evangelio en el abrevadero de la usura? El pastor Arrázola no predica el cristianismo. Cuando saboteado el plebiscito del 2 de octubre de 2016 triunfó el No, reaccionó: “Ganamos. […] De Dios nadie se burla”, como quien razona que la paz entre los hombres y el perdón de sus pecados (Nuevo Testamento) no es el camino de Dios, sino la continuidad de la violencia (Antiguo Testamento).

El 15 de noviembre de 2016, el periodista cartagenero Lucio Torres publicó un artículo donde –presuntamente– revela el monto y la procedencia de los ingresos de la parroquia Ríos de Vida. El periodista Lucio Torres asegura que el pastor barranquillero Miguel Arrázola y su esposa María Paula García se enriquecen a expensas de los diezmos de sus feligreses. Si bien el artículo fue publicado el año pasado, en marzo de este año el mismo periodista habló sobre ello en BluRadio, alegando que Ríos de Vida está pidiendo a sus feligreses cuatro millones de pesos a propósito de la construcción de una iglesia en Turbaco (Cartagena). Luego, el 10 de marzo de 2017, el pastor Arrázola, en uno de sus discursos puercos colmados de chistes en lenguaje vulgar (también peyorativo, especialmente cuando de homosexuales se trata) se expresó de la siguiente manera:

Cómo sabes que no te puedo pegar, porque bien te mereces un par de garnatás [bofetadas] mías. Yo tengo unos manes tablúos [enormes] que te pueden hacer la vuelta. […] Te mando a Nigeria [África]. Ese te acaba; te mata ese man. […] Da gracias a Dios que soy nacido de nuevo, que tengo al Espíritu Santo y a Jesucristo en mi corazón, porque hace rato estuvieras en la Ciénaga de la Virgen [laguna litoral de Cartagena], así metido. […]”. (Oprima aquí para ver el vídeo de semejantes declaraciones en boca de un pastor ‘cristiano’)

Tres días después, el 13 de marzo, su esposa María Paula García leyó en voz alta a la prensa lo que ella considera un reclamo coherente y fundado en contra tanto del periodista Lucio Torres como del hijo del presidente Juan Manuel Santos, Martín Santos. Por supuesto que en Colombia hay “persecución religiosa”, señora María Paula: el religioso persigue al «homosexual», a la «abortante», al «consumidor» de la dosis personal, la «educación sexual», la «juridicidad» de los acuerdos de paz; en fin, todo aquello que no engrane con su retorcida lógica o estructura de interpretarlo todo (me refiero al uso y abuso de la sinrazón como razón). Luego, si de distorsiones se trata, evalúe su reacción y la de su marido frente al trino de Martín Santos. Es decir, para que tenga claridad sobre qué es una distorsión. De su reclamo constituir una demanda, sería rechazada de plano por lo que en nomenclatura legal se conoce como «ineptitud». Discierna. Ahora bien. Si en realidad existen amenazas en contra de su familia o de su esposo, o suya, declaro abiertamente que eso está mal y que merece una investigación, tanto como la merece la campaña de propaganda negra que el Centro Democrático y usted y su marido patrocinaron a sabiendas de su falsedad a estrecha semejanza de quien dice portar la palabra de Dios y así la difunde entre un pueblo pequeño e ignorante. Sabemos que la ignorancia aviva la continuidad exitosa del oportunismo politiquero, pero especialmente la continuidad exitosa del oportunismo religioso.

Antes de continuar con la siguiente oración, apreciado lector, primero vea esta específica representación teatral del pastor Arrázola. Señor Arrázola, el «Bien» se hace por el «Bien» mismo sin necesidad de ser amenazado con cuestiones de moral religiosa ni castigos de Dios; tampoco bajo la promesa de una recompensa eterna que solamente declara interés (hipocresía moral). La práctica del «Bien» depende de nuestra capacidad para saber encontrarnos a sí mismos en nuestro prójimo y es desde aquí que se alcanza con honestidad las alturas morales del verdadero cristianismo, no las arcas del tesoro que su mercé clama, proclama y aparentemente ansía con ahínco. La misión del ser humano en la Tierra no descansa en hacerse millonario –como insistentemente promete a sus feligreses al crisol de una prédica distorsionada del Evangelio de Mateo (Mateo 19:24)– sino en esforzarse por que el egoísmo y la codicia que oscurecen la nobleza del espíritu jamás nos alcancen, como a usted lo ha alcanzado hasta empobrecerlo espiritualmente, al punto de esclavizarlo.

Señor Arrázola, perdone la acritud, pero usted no es otra cosa que un charlatán de feria; un desvergonzado que, con aires de burgués disimula las enseñanzas de las parábolas del Evangelio mientras sigue en acecho de la riqueza intentando no hacer ruidos que puedan despertar al Dios del Antiguo Testamento. Recuerde que quien precisa de la cueva y de la humillación para desplegarse como notorio individuo envidiable por su magnificencia, es un lastimoso usuario de la mediocridad que destila en escenarios sin méritos, en cuartos oscuros; un falto de amor, un desencontrado en fin. Mientras el mundo se estremece o una investigación se abre en su contra, espero su parroquia quede desamparada de respaldo y su caracterización cristiana desmentida.

Colofón: Antes de pensar presentar una denuncia por «injuria y calumnia» en razón del título de esta opinión, lo asesoro. Un único hecho puede ser denunciado solamente o por injuria o por calumnia, no por ambas simultáneamente como acostumbra la gente. Este título, o es injurioso o es calumnioso, pero no ambas cosas. Luego, los requisitos que una denuncia –por una cosa o por la otra– debe reunir, están contemplados en la ley y en la jurisprudencia y aquí no los encontrará, independientemente de cuánto estire o encoja la columna o su título. El título constituye una opinión y asimismo el contenido, desde el punto de vista legal (si bien desde el suyo o el de su esposa no, sobre todo si se reconocen responsables de las acusaciones de Lucio Torres). El resto no es sino una exposición con información pública provista por terceros cuya veracidad o falsedad aquí no se detalla, escudriña o juzga (incluso, se insiste en su condición comprobable, no comprobada). Mejor invierta su tiempo en subsanar las impurezas del alma. O, al menos, en recorrer la Heroica pidiendo disculpas por el circo eclesiástico que sin escrúpulos dirige. Cordial saludo.
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Thursday, February 9, 2017

Traición a la patria y un ridículo llamado Samuel Hoyos

En abril de 2015 tres tristes tigres hijos de expresidentes conservadores presentaron una carta pública en la que exigían del presidente del Partido Conservador (David Barguil) hacer valer sus caprichos de niños engreídos. Una carta en la que tres llorones acusan a Juan Manuel Santos de no respetar sus postulados éticos de la niñez: (a) creer que lo público es íntimo; (b) acusar a otro de habérselo arrebatado; y (c) hacer una pataleta. Esos tres llorones son Enrique Gómez Hurtado, Mariano Ospina Hernández e Ignacio Valencia López. Este martes, por su parte, se les sumó un ridículo llamado Samuel Hoyos.

Aquella carta decía que la administración Santos “es un régimen inmoral, corrupto, clientelista e irrespetuoso de la Constitución y de la ley […] que entregará el futuro de los colombianos a un aparato de mando dominado por las fuerzas comunistas que integran los grupos guerrilleros”. Que “el Partido no ha sabido hacerse presente para orientar a los colombianos válidamente hacia una política de orden e institucionalidad como lo pregonan sus doctrinas”. Que “cayeron en una innoble trampa tendida por Juan Manuel con una frialdad espeluznante”. ¿Qué es hacer valer un capricho mediante la interpretación falseada de la realidad? ¿Acaso no exhibe el lenguaje de un niño engreído (político colombiano promedio) victimizándose (manipulación) a la luz de su egoísmo?

Ahora el ridículo de Samuel Hoyos (representante del Centro Democrático), junto con los tres llorones antes referidos, estará compareciendo ante la Comisión de Acusación de la Cámara para justificar la denuncia que a mediados del año pasado presentó con ellos contra el Jefe de Estado por –óigase bien– ´traición a la patria´. ¿Conocen dónde se ancla su argumento? En: La indebida intromisión del régimen castrista de Venezuela y Cuba es una violación a nuestra soberanía, permitida por Santos, buscando sus intereses personales.

No queda claro si el señor no vive en Colombia o si sacó el diploma de Ciencias Políticas de una caja de cereal o, como el Alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa Londoño, de la manga. ¿De qué intromisión habla, exactamente? ¿Y qué de todo lo aducido distingue a la administración de Juan Manuel de la de Uribe y de la de los padres de los tigrillos en mención o, en suma, de los demás presidentes? La terminación del conflicto armado interno más antiguo del hemisferio (con el aval de la comunidad internacional, incluyendo la Corte Penal Internacional y el Despacho Oval en Washington D.C.), lo cual no es, en modo alguno, un interés personal sino más bien general, nacional e internacional.

También existe otra distinción: a pesar de que el problema natural de Colombia es, desde su mismísima Independencia, la corrupción y el clientelismo (que por las ganas de joder quieren achacársela solamente a Juan Manuel), la administración de Álvaro Uribe Vélez ha sido la más corrupta en la historia política de Colombia y posiblemente también del continente. ¿Qué tiene que decir de transparencia administrativa quien apoya a un expresidente y senador abiertamente parapolítico cuyos testigos clave en su contra han sido asesinados o extraditados? Nada. ¿Cuáles son las Chuzadas (DAS) de la administración Santos contra magistrados, periodistas y líderes sociales? ¿Cuáles son los 9 condenados y 18 investigados de la administración Santos? ¿Cuál es la Ley de Alternatividad Penal (2005; paramilitares) de la administración Santos? ¿Cuáles son los falsos positivos de la administración Santos?

¿Traición a la patria? Señor Hoyos, continuar sonando el disco rayado de que Juan Manuel Santos desconoció los resultados del plebiscito del 2 de octubre de 2016 no es nada distinto al cinismo sustantivado como: conveniencia. Lo que se desconoció no fue el resultado del plebiscito sino el resultado de la manipulación de un sufragio. Una manipulación descarada y confesa. Descarada porque no cobra luz sobre el tenor literal (ni figurado) del Acuerdo y confesa porque Juan Carlos Vélez Uribe hizo hasta alarde de la propaganda negra. Eso sí es una traición a la patria. Avergüéncese de su reclamo y, en forma más profunda, de su ejercicio.

Colofón: Quizás para su alivio, señor Hoyos, si Colombia emulara el ejemplo cubano no padecería desnutrición, analfabetismo y enfermedad. Tampoco padecería los vicios dañinos del neoliberalismo económico –sin controles del Estado– del que la clase privilegiada goza a expensas del campesinado. Tampoco habría ocurrido Reficar, ni SaludCoop, ni carruseles de contratación o de otra índole, ni las Megapensiones u Odebrecht y demás porquerías de las que jamás se ha visto en Cuba desde 1958; especialmente eso de asesinar a 152 periodistas entre 1977 y 2015 o a 209 líderes sociales en solamente dos años (2015-2016), por no mencionar siete millones de desplazados.
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Monday, February 6, 2017

Cochambre: una fuente de entretenimiento

Pablo Escobar, Popeye (criminales); no Bolívar y Miranda, Gaitán y Galán, Garzón y Hurtado, etcétera (próceres). Maldito morbo de mierda, lo mismo el de los medios televisivos y su afán por el dinero como el de la ciudadanía y su afán de sentarse como espectadores frente a la mierda. ¿Se han puesto a pensar sobre las fuentes de entretenimiento en Colombia?

¿Por qué los medios no dan a conocer el ciclo de la historia ilustrando a los pueblos del mundo por qué permanecen en la parte baja de una rueda que nunca gira? ¿Por qué no explican lo que hizo la Unión Europea (UE) en 1993 cuando acuñó el euro y por qué Latinoamérica debería solidarizarse del mismo modo a propósito de una moneda común que anule robos y evite regalos en el comercio internacional? ¿Por qué no revelan la estructura del crimen organizado Sistema de Salud (o, El Paseo de la Muerte) en alianza con el Estado a la luz de la mañosa arquitectura de la Ley 100? ¿Por qué no le quitan la máscara? ¿Por qué los periodistas no cesan de hacer eco de mentiras y manipulaciones (no opiniones ni críticas) de Álvaros y Circos Demoníacos? ¿Por qué no explican la farsa de su independencia cuando un grupo económico ultraderecha controla más del 70% de los medios de comunicación en Colombia? ¿Por qué periodistas y editores no señalan cómo es que sus empleadores viven de lo que ellos producen y se crecen de cojones hasta independizarse del yugo político que los mantiene inmersos en la infamia del suelo y su destinación pedestre hasta heder la putrefacción de la ética de la profesión? Algo así como un paro nacional en las salas de redacción. ¿A cambio de qué? De la dignidad. ¿Acaso hace falta otra razón?

En enero del 2000 (Roma, Italia) el distinguido escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski (1932-2007) –también lúcido ensayista y aficionado a la historia– escribió: “El reportaje se ha trasladado a los libros, porque ya no cabe en los periódicos, tan interesados en las pequeñas noticias sin contexto”; ¨Antes, los periodistas constituían un grupo muy reducido, se les valoraba. Ahora, el mundo de los medios de comunicación ha cambiado radicalmente: la revolución tecnológica ha creado una nueva clase de periodista que en Estados Unidos se le conoce como «media worker». Los clásicos son ahora una minoría y la mayoría ni siquiera sabe escribir profesionalmente; tampoco tienen problemas éticos o profesionales, ya no se hacen preguntas¨; ¨Desde el momento en que se descubrió que la información podría constituir un negocio, la verdad dejó de ser importante¨.

El «neoperiodismo» ha malcriado a la sociedad contemporánea, la ha engreído y hecho mediocre; la ignorancia y la desvergüenza son un modo o estilo que se quita o pone a discreción. Algo así como usar o no condón, o más específicamente, la marca LifeStyles. Así RCN y Caracol, por ejemplo, tienen resuelta su agenda, patrocinando cuanta mierda rentable se les ocurre, pero rentable en fin, cuando no produciéndola. Un Popeye que no comía espinaca sino plata y disparaba a disposición de su empleador (otro criminal de quien también hicieron una novela) ahora estará en las pantallas nacionales. Por otra parte, cualquier historiador o lector juicioso habrá notado que ningún medio en Colombia (sin que el desconocimiento valga como excusa) hizo mención de la afamada Doctrina Monroe del quinto presidente de Estados Unidos, James Monroe, en 1823, ilustrada con la frase «América para los americanos»; precisamente la filosofía político-exterior recientemente resucitada por el cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump. (El Estado de California se negó a implementar la Doctrina Monroe del siglo XXI.)

El periodismo en Colombia se ha oscurecido por el poder y el interés hasta envilecerse por la indiferencia e irresponsabilidad que lo gobierna. Tanto así, que hablamos de «periodismo de investigación» y de él hacemos cursos, talleres y demás como si el periodismo no fuera, por definición natural: investigación. La denominación es tan vergonzosa como lo sería «Filosofía sobre el porqué de las cosas». Tanto se ha denigrado el ejercicio que precisamos adjetivarlo definiendo su sustantivo. Cualquier cosa diferente a la investigación no es periodismo sino simple y llana manipulación de información, un «media worker», un «técnico de la información», un periodista mediocre o un no periodista.

A veces pienso que los textos de Noam Chomsky (Instituto Tecnológico de Massachusetts, Estados Unidos), Armand Mattelart (renombrado sociólogo, autor de Para leer el Pato Donald), Albert Memmi (Túnez, 1920), Paulo Freire (pedagogo; 1920, Brasil), Henry Giroux (crítico cultural y académico estadounidense) y Ryszard Kapuscinski –entre otras– deberían constituir no lecturas sino estudios literarios «sine qua non» en la Universidad y en la escuela. La formación del hombre no se reduce a las materias tradicionales –como quien debe saber un manimoto con arequipe de cada materia– sino al cultivo de la ciudadanía, de la humanidad; y de la disciplina o reciedumbre de carácter sin la cual ningún valor moral o ético es posible practicar. La fortaleza es fuente de lealtad a los valores que uno ha sabido considerar, analizar y emplear como vara para medir cuán humano y digno se es.
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Tuesday, January 24, 2017

Toros sí, toreros no

¿Hasta cuándo continuarán confundidos los taurinos? Tanto así, que llaman a estos especímenes de la fauna animales mientras, no obstante, se piensan superiores porque hacen ejercicio de la razón. ¿Desde cuándo la violencia y el argumento en que abiertamente amparan su estupidez son productos de la razón? No sé de otros deportes o formas culturales, pero la tauromaquia es un colmo redondo de absurdos que parecen multiplicarse a todas horas del día y de la noche en la mayoría de los rincones de la Colombia españolizada. La insensibilidad es una prometedora epidemia que genera grandes espectáculos de honores a la tortura; es fuente inagotable del complejo de superioridad de especie; es la panacea de los cabrones. Centrémonos en dos declaraciones épicamente cínicas. Una de septiembre de 2014 y, la otra, de este sábado 21 de enero de 2017.

Muchos son los argumentos que he escuchado en defensa de la tauromaquia: “Si los toros no sienten dolor, ¿por qué ustedes lástima?”; “Si lidiar toros bravos es un arte, ¿por qué se oponen a la conservación de la cultura?”; “Si no les gusta la tauromaquia, sencillamente, pueden no participar del espectáculo”. El preferido de todos los taurinos, sin embargo, es ese que reza: “Hipócritas, porque todos comen carne”. Dicho de otro modo, si no somos vegetarianos no tenemos autoridad moral y ello nos hace hipócritas; pero si somos omnívoros el consumo de la carne lo justifica todo: desde domesticar hasta masacrar animales. ¿Acaso para alimentarse hay que torturar primero a la fuente de alimento en su estado previo a ser comida? Ni los animales carnívoros hacen eso (no, tampoco las orcas, para los que aducen el ejemplo).

Declaración No. 1 (2014)

¿Tuvieron, en 2014, la oportunidad de hacerse testigos de la faena argumental del líder de la ganadería Mondoñedo, Gonzalo Sanz Santamaría? Agárrense. Su ´argumento´ se resume como: «Los medios justifican el fin», la versión postmoderna del pensamiento de Niccoló Maquiavelli. El 4 de septiembre de 2014, en estrevista con el diario nacional El Espectador, declaró: No han querido entender [óigase bien: no hemos querido entender] que si se acaban las corridas, los toros bravos también van a desaparecer. Esa raza sigue viva gracias a los criaderos. [Mejor dicho: “Gracias”, dice el toro al taurino] Durante cuatro años esos animales crecen en las mejores condiciones, conviven con otras especies, se alimentan de la mejor forma y luego se preparan para ir a la plaza donde luchan y mueren en un ritual en el que se les rinde honores”.

¿Qué es este sortilegio de palabras flotando en busca de razonamiento lógico, de puerto, de galaxia? ¿Cómo razonan, exactamente, los taurinos? ¿Habla del mismo honor que sufrieran los gladiadores durante la época romana bajo la calidad de esclavos o del agradecimiento de los toros con los taurinos por permitir su existencia y desarrollo a fin de ser sacrificados; a estrecha semejanza de como lo hicieron los esclavos en una época feudal con sus amos por éstos brindarles techo y comida y, cuanto mayor el tiempo, asimismo el agradecimiento? Definitivamente Gonzalo acuñó una nueva máxima en honor a la memoria de Niccoló Maquiavelli que opera en sentido inverso: «Los medios justifican el fin», el cruento fin o destino de estos especímenes de la fauna.

Y así habló también de honrar el legado de España o de los españoles que colonizaron América. Su razonamiento –como defensor o representante legal de los toros (o, al menos, así se piensa este individuo)– entraña el mismo razonamiento de los colonizados: rendirle pleitesía al amo. La diferencia entre Gonzalo y los españoles consiste en que éstos últimos pensaron que el fin justificó el medio, mientras él y la masa de taurinos piensan que el medio justifica el fin. Lo curioso es que, tanto lo primero como lo segundo se amparan en un complejo de superioridad de raza o de especie que, aunque en este caso pretende emular a la española, ante los animales esgrime la humanoide. Pero ni el émulo a España ni el sentido humanístico pueden jamás unirse a los antes mencionados, porque no puede haber arte que nace de una barbarie que busca la complacencia de la tradición hecha carne a través de la masacre.

Declaración No. 2 (2017)

Este sábado, también en entrevista con diario nacional El Espectador, el presidente de la Corporación Taurina de Bogotá, Felipe Negret, declaró: Podemos dar el domingo una muestra de que este país puede vivir en paz; ellos haciendo su protesta y nosotros entrando a la plaza”. Qué lindo. ¿Y entonces? ¿Así «in saecula saeculorum»? No es sino dejar las cosas en el mismo punto de partida: la falta de entereza para declarar la verdad. Equiparar el derecho de uno a ejercer una práctica dañina con el del otro a protestarla no declara la verdad: la disimula y pretende hacerla relativa. Es, en forma más profunda, una burla al Derecho y a la filosofía como disciplina. Toda la filosofía del Derecho, desde el Prefecto del Pretorio Domicio Ulpiano (178 d.C.) hasta Jean Jacques Rousseau se fundamenta en promover el «bien» y en castigar el «daño» (en sentido amplio). Negret y Santamaría y quienes se suman a sus pendejerías argumentales no reflejan sino el estado más pedestre de la conciencia humana en el marco de la evolución o de la Historia.

En su libro «Toros sí, toreros no» (editorial Grijalbo, 1990), el periodista y escritor mexicano Eduardo del Río –generalmente conocido como Rius– cita (p. 104) al compositor español Pablo Sorozábal (1897-1988): “Con un concepto de arte tan laxo y falto de exigencia, más razonable sería llamar arte al oficio de fabricar tartas de chocolate y fresa. Sobre el presunto –según dicen– arte de la tauromaquia, se han vertido toneladas de lo que para mí no es sino mala retórica y, peor, pseudofilosofía. No hay finalidad alguna que pueda justificar la tortura; ni al hombre ni al animal”.

Colofón: A quienes piensan intrascendentalmente de los animales, invito a consultar las palabras del filósofo y naturalista británico Charles Darwin y el documento legal más antiguo e importante de la Historia: el Corpus Iuris Civilis (de Justiniano I). Ambos fueron citados en la columna Alejandro Ordóñez: entre el instinto y la razón, cuando el Cardenal de la República de Colombia adujo la ineptitud de una demanda afirmando que los animales no son «sujetos de Derecho». Más bien le faltó pasar por una mejor facultad de Derecho. ¿Por el Externado, quizás? (Ver columna).
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Neouribismo: prontuario de una esquizofrenia criolla


¿Han consultado el patrón sintomático? Guarda estrechas semejanzas con el comportamiento del uribista. La esquizofrenia se define como un conjunto de trastornos mentales severos caracterizados por una alteración del funcionamiento psíquico del individuo o su percepción de la realidad (¿creencias falsas?) debido a un desbalance de orden bioquímico en el cerebro. ¿Algunas semejanzas con la situación actual?

No solamente se abstuvieron de contrastar las declaraciones de la campaña del No con el espíritu o tenor literal del Acuerdo: también se tragaron las declaraciones y en las entrañas todavía las conservan aun después de la confesión de Vélez y del fallo del Consejo de Estado. Quién le dijo a Uribe o al Uribismo, sin embargo, que para no quedar mal con el uribista –tras el pronunciamiento del Consejo– hay que decir que Juan C. Vélez se encontraba embriagado. Como si no fuera oficial ya, que son fanáticos y como tales se han declarado una y otra vez. Con o sin licor tacharán a esa instancia de enmermelada y al Estado y a sus instituciones los declararán (por esa razón, no otra) ‘heridos de muerte’ en términos democráticos y demás pendejadas. Con ellos no hace falta entramados o justificaciones de ninguna índole: esa gente es esquizoide y disfruta siéndolo.

No existen reglas fundamentales para declarar a alguien tonto sino solamente contextos en los que quedan en crasa evidencia. Cosas como “Lo que veo cada día es que la paz está cada vez más lejos” (Luis Ernesto Araújo, hijo del excanciller secuestrado Fernando Araújo Perdomo), “Nadie ha dado tanto por esta patria como Álvaro Uribe […] Uribe es un patriota […] Uribe no merece más que admiración y respeto […] Su administración fue una época gloriosa” (Claudia Bustamante, activista abocada al Centro Democrático como se aboca el cerdo al lodo) o “Estamos bajo una dictadura de las FARC y Juan M. Santos” (Andrés Pastrana, expresidente de Colombia) demuestran la esquizofrenia o estupidez que los gobierna.

El lector ingenuo podría pensar que el problema del primero es que tiene a Álvaro Uribe y su partido como única fuente de información y que, en su lugar, debería consultar los organismos de control del conflicto (CERAC y CNMH, por ejemplo). Pero lo que quiso decir en realidad es: “Lo que veo cada día es que Uribe está cada vez más lejos de firmar la paz como nosotros queremos”. Como a Uribe, a él no le importa cuánto haya mermado el conflicto armado interno, cuántos soldados hayan dejado de morir o niños de ser reclutados ni cuántas tierras podrían ser devueltas a sus legítimos propietarios en el marco del Acuerdo, sino que sea Uribe quien suscriba la paz en Colombia, lo que solamente hace sentido en el orden mental de un fanático que aduce el castrochavismo como justificación de una esquizofrenia criolla ‘made in Hollywood’. La segunda padece la misma condición y, el tercero, simplemente no siente vergüenza en parecer tarado a voluntad (“dictadura de las FARC-EP” con un modelo económico capitalista a ultranza).

El colmo del cinismo, sin embargo, está en los trinos y posts de Facebook de Claudia Bustamante, especialmente donde califica a la administración Uribe como “una época gloriosa”. ¿Época gloriosa aquella en que un colombiano en un Estado social de Derecho convirtió a un organismo de seguridad (DAS) en un aparato personal de persecución política contra magistrados, periodistas y líderes sociales? ¿Época gloriosa aquella en que un colombiano convirtió el territorio nacional en un derramamiento de sangre de millares de jóvenes inocentes posteriormente presentados como guerrilleros abatidos en combate («falsos positivos»)? ¿Época gloriosa aquella en que un colombiano quiso trastocar los pilares de la Constitución Política para perpetuar el fascismo que caracterizó su administración? ¿Época gloriosa aquella en cuyos ocho años de administración (de los trece analizados por el Ministerio de Salud) hubo 1.4 millones de muertes evitables a manos de las EPS al amparo de la Ley 100 que el mismo colombiano defendió en 1993 y aún defiende? ¿Época gloriosa aquella en que un colombiano hizo esto y aquello y hoy se le acusa de crímenes de lesa humanidad? ¿Época gloriosa aquella la de la administración Uribe Vélez cuyo gabinete hoy se encuentra investigado, condenado o prófugo, mientras él: impune (17 investigaciones; 9 condenas)?

La única ilusión, al amparo de la envidia, del Uribismo, es ver a una insignificante pulga –revestida de dragón gracias a la magia de una lupa a través de la cual pretende ser visto o ampliado– firmando la paz en Colombia. Ese hombre ante el cual rindieron declaración juramentada de convivencia y complicidad incondicionales, así implique defenderlo con indignidad tanto a él como a su colegio de criminales. ¿Cuál es el nombre del poder que tiene Uribe sobre los uribistas para, en razón de la ignominia, arrastrar la honradez de sus nombres y apellidos conjuntamente con los suyos?

Definitivamente el Uribismo es capaz de degradar el espíritu humano hasta hacerlo palidecer de desvergüenza y de un aborrecible cinismo. Algo así como ver asomada la cara del Diablo sonriéndose, no necesariamente como ente, sino como una representación de lo más bajo a lo que una persona puede llegar en búsqueda de la satisfacción o complacencia del odio.

El Uribismo se piensa oposición de la actual administración porque a través de ese concepto pueden edificarse un homenaje carente de ejemplo práctico: mostrarse como mártires de lo que pretenden aparentar es su causa, la democracia, mientras permanecen en silencio frente a los problemas que la ponen en tela de juicio: los ejemplos antes referidos y el asesinato de 209 líderes sociales de izquierda entre 2015 y 2016, por no mencionar una corrupción que deja a la república entre las primeras cinco más corruptas del mundo y como la segunda más corrupta del hemisferio. Pero es de ese modo que pretenden emular a la oposición venezolana: lanzándole al gobierno de turno el calificativo ‘comunista’ como sinónimo de ‘fascismo’ y no por nada de lo anterior, sino por negociar con las FARC la terminación del conflicto armado interno más antiguo del hemisferio en lugar de encenderlas a plomo. La no complacencia –por parte del gobierno– de un odio cristalizado los hace pensarse martirizados para, con ese disfraz, clamar la intervención de la comunidad internacional (que no siendo engañada no les ha hecho caso).

Colofón: Así que andamos indignados porque, el 31 de diciembre, delegados de las Naciones Unidas y desmovilizados de las FARC hicieron lo que cualquier persona normal haría un 31 de diciembre a las doce de la madrugada: bailar entre sí. Ciertamente provoca una sensación de felicidad, de reconciliación. No nos preocupemos por los mezquinos del Centro Democrático; a ellos no los agrada sino solamente la carroña de la que andan de estómago lleno. Después de todo, nunca se alarmaron cuando Álvaro tomaba y almorzaba con jefes paramilitares en su finca o en la de ellos; como tampoco les molestó que haya amnistiado a millares de paramilitares en el marco de la Ley de Justicia y Paz (2005) ni que esta ni la Ley de Alternatividad Penal (2003) no hayan sido sometidas a plebiscito. Es cuestión de sesgos políticos, de nada más. Derecha o terrorismo de derecha sí; izquierda o terrorismo de izquierda no. La doble moral de siempre en fin.
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