Saturday, May 23, 2015

Eduardo Behrentz habla sobre la Zona G

El proyecto que la Alcalía de Chapinero de Bogotá propuso en 2013 para la Zona Gourmet y que pretende llevar a cabo en el segundo semestre de 2015 ha generado gran preocupación entre los residente del sector. ¿Es el proyecto una buena labor de la administración? El doctor Behrentz habló con Semana.com y dio su opinión profesional al respecto.

Eduardo Behrentz es urbanista e ingeniero civil de la Universidad de los Andes y Ph.D. en Ingeniería Ambiental de la Universidad de California (UCLA). Fue director del Grupo de Estudios de Sostenibilidad Urbana y del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de los Andes. Hoy es decano de la Facultad de Ingeniería de la misma universidad y miembro del Consejo Asesor de la ANI y del Consejo Superior de ACOFI.

David Bustamante: Según los informes, el proyecto que la Alcaldía de Chapinero ha elaborado para la Zona G consiste en la restauración de dos calles: Carrera 6 y Calle 69A, formando así una T. ¿Qué opinión le merece el proyecto?

Eduardo Behrentz: Teóricamente, la idea es apropiada. El desafío consiste en hacerlo bien. La Zona T, por ejemplo, es un chuzo, una olla y un expendio de drogas día y noche. Por eso los bares y restaurantes de alto perfil fueron espantados, como también muchos residentes. La peatonalización de las dos calles que conforman la T estuvo pésimamente diseñada. Debe velarse por que en la Zona Gourmet no suceda lo mismo.

D.B.: Domenico Di Siena (reconocido urbanista e ingeniero civil italiano) señala que el desafío de los urbanistas radica en “impulsar la coexistencia entre el espacio público y el uso residencial”. ¿Está de acuerdo?

E.B.: Dominico se refiere al uso mixto del suelo. Pero el concepto es insuficiente: se debe considerar el cómo, pues es aquí donde suceden los desastres. La densidad poblacional debe ser tan adecuada como la compatibilidad del uso del suelo en zonas residenciales. Si no lo son (ej.: bares o talleres u otros establecimientos de alta intensidad auditiva) habrá conflicto. Es lo que sucede en Bogotá.

D.B.: En entrevista con Revista Dinero, usted explicó que para la creación de un espacio público en cualquier parte del mundo “se destina un 5% de los recursos en las calles de interés y el 95% restante en el entorno que las acompaña (ej.: Buenos Aires, Barcelona)”. ¿El proyecto de la Alcaldía se ajusta a estos lineamientos?

E.B.: Por cada peso que uno se gasta en las calles que desea peatonalizar, debe gastar el doble –y a veces el triple– en los alrededores. La Alcaldía no está cumpliendo con esos lineamientos, de lo contrario los residentes no estarían tan molestos. La Alcaldía tiene que pararle bolas a los residentes.

D.B.: Los residentes del sector y su vocero, Camilo Reales, sostienen que «intervención integral» es un eufemismo del alcalde Mauricio Jaramillo para disimular la verdadera naturaleza del proyecto, a saber: la peatonalización de dos calles. ¿Qué opinión le merece esa afirmación?

E.B.: La preocupación de los residentes es totalmente legítima. El proyecto debe garantizar una intervención integral, como prerrequisito. Si el proyecto no corrige los defectos que los residentes advierten, si no respeta la intervención integral, esas dos calles se convertirán en un basurero y en sede de caos y algarabía.

D.B.: Algunos sostienen que la renuencia de la Alcaldía se debe a un clientelismo entre el Alcalde y los propietarios de los restaurantes. ¿Será eso cierto?

E.B.: No tengo idea. Ahora bien, esos restaurantes tienen clientes de sobra. Si bien el proyecto los beneficia, tampoco es que le haga falta.

D.B.: En una Mesa de Trabajo que tomó lugar el pasado 29 de abril entre la Alcaldía y los residentes, no hubo conciliación y la Mesa fue suspendida a la espera de un concepto del Secretario de Planeación, Gerardo Ardila. ¿Qué opinión le merece el curso que toma el asunto?

E.B.: Que participe la Secretaría de Planeación me parece una excelente noticia, sobre todo siendo Gerardo Ardila la persona tan seria que es. Además, tiene todo el conocimiento sobre el asunto. Su involucramiento es entonces, a mi modo de ver, un gran paso hacia la toma de una decisión correcta. Ojalá sea así.

Publicado por Revista Semana: bit.ly/1FLStfN 

Thursday, May 7, 2015

Psicología del testimonio


«No procuro conocer las preguntas;
procuro conocer las respuestas».
–Confucio (551 a.C.–479 a.C.).

Los artículos 227 del Código de Procedimiento Civil y 276 del Penal prohíben a los abogados hacer preguntas tendientes a provocar conceptos en el declarante, es decir, sugerir o provocarle la respuesta o contestación o, como dijera Jairo Parra Quijano: “inspirársela”. Apenas válido, pues lo contrario sería manipular al testigo y es una forma de falsear la verdad. Sin embargo, ambos artículos sostienen que el abogado sí podrá hacer preguntas sugestivas cuando quien se interroga es una persona especialmente calificada por sus conocimientos técnicos, científicos o artísticos sobre la materia. El legislador entiende que frente a un especialista tales preguntas no constituirían una manipulación, sino la necesidad de hacer alguna aclaración o precisión o de resolver una contradicción.

Pero hay una forma en que los abogados pueden formular preguntas libres de la aprobación del juez y de la contraparte, porque por la sola manera en que una persona se comunica se pueden sacar en claro muchísimas cosas. Se trata de lo que tiene prioridad en la comunicación y la forma de expresarlo o de exponerlo.

Un solo tema puede abordarse desde diferentes perspectivas y el porqué de cada quién al escoger su modo prioritario de exposición declara no pocos ángulos del emisor. Esto es de gran importancia para periodistas y psicólogos a la hora de las entrevistas y, sobre todo, para abogados. Saber escuchar a la persona (verbos o palabras que utiliza, el tono con que las pronuncia y los gestos con que las acompaña) ayuda a determinar detalles de la personalidad y asimismo la vulnerabilidad y fortaleza de los protagonistas de un caso (abogado), problema (psicólogo) o acontecimiento (periodista). No solo lo que la persona defiende sino lo que repudia; no solo los temas que prefiere sino desde qué perspectiva los aborda o cultiva; no solo lo que le agrada sino lo que le irrita o incomoda; si tiene prejuicios contra el género masculino o femenino o contra un gremio en específico; etcétera.

La película “A Few Good Men” (Tom Cruise; Jack Nicholson; Demi Moore; Kevin Bacon) quizás sea lo que mejor lo ilustra (haga click aquí). El coronel Nathan Jessep (Jack Nicholson) a pesar de su alto grado de inteligencia no soporta las preguntas de Daniel Kaffee (Tom Cruise). Éste cuestiona su credibilidad como persona y su autoridad como coronel entre soldados. Para hacerlo ver arrogante ante el jurado, le pregunta si es posible que sus subordinados hayan desobedecido sus órdenes. La sola hipótesis lo ofusca… tuerce el cuello, se ajusta la corbata y responde que tal cosa es poco más difícil que un milagro, es decir: un imposible. Tan engreído y prepotente, acaba aceptando su responsabilidad penal (haber ordenado el asesinato de un soldado) para no mostrarse blando ante los demás.

Lo que no puede sacársele a una persona o testigo a través de preguntas sugerentes sobre los hechos, se logra a través de la forma en que los aborda, en especial si se molesta ante unos temas. Un abogado como Kaffee puede hacerlo vulnerable a ser visto como prejuiciado, racista, impaciente, violento, intolerante con las ideas de los demás, o despótico como en el caso del filme antes mencionado. Lo que crea conveniente en fin, para defender su causa y debilitar a la contraparte.

Los abogados a menudo se encuentran temerosos de emplear la psicología para construir una defensa, pues las pruebas constituyen hechos y la deliberación las exige. Pero aquí no se trata de presentar un aspecto psíquico del individuo como prueba concluyente sino como tendencia (véase numerales 3º, 5º y 6º del artículo 403 del Código de Procedimiento Penal). Si en un proceso se debate la culpabilidad de un individuo en un homicidio, se le podrán hacer preguntas sobre sí mismo o sobre aspectos de su vida cuyas contestaciones muestren su inclinación a la violencia, lo que servirá de válido y útil sustento de cualesquiera sean las pruebas que el abogado pretenda hacer valer en su contra (cuanto más si superada la audiencia de Descubrimiento de Pruebas ya no puede traer a colación otras para reforzar o defender las antes presentadas).

Colofón: A propósito de la exégesis a la que algunos se aferran como letra en lápida. Cuando un abogado tuerce la forma de redacción de la ley por no poder torcer la verdad por la cual fue escrita, es decir, el espíritu de origen que la convirtió en ley, ¿justicia o vencer mediante la interpretación falseada de un principio de verdad? Las Facultades de Derecho del país están en la obligación, cada vez más, de mostrarle a sus alumnos la triste confusión que existe entre hacer justicia, y dirimir legalidad.

Columna publicada por Las2Orillas: http://www.las2orillas.co/psicologia-del-testimonio/